Con música típicamente navideña, una voz y tono infantil, como un buen villancico, presento esta canción que hace hincapié en lo que realmente importa. Ni hallar posada, ni nacer en un pobre y alejado portal, ni yacer tendido entre paja, ni ser adorado por gente sencilla como unos vulgares pastores... Lo realmente importante es que Dios ha nacido, que es humano y carnal, que será servidor de todos los hombres, que morirá... pero que tanto él como su mensaje será inmrtal.
Un mensaje que muchas veces se olvida en estas fechas. ¿Qué es lo realmente importante de la Navidad? ¿Cuál es su auténtico espíritu? Porque el icónico portal, los simpáticos pastores, los bonitos paisajes de cartón piedra, los cielos estrellados y la demás parafernalia en realidad no importan tanto... Dios ha venido y está entre nosotros en un acto de generosidad difícil de entender en un Dios. Eso es lo que debemos reconocer en la Navidad. El resto es folkore.
Los cinco sentidos: Manera de celebrar el nacimiento de Jesús con cada uno de los cinco sentidos.
¡Saludos, oyentes! En este momento tan especial, les traigo un villancico
que nos invita a sumergirnos en la esencia mágica y divina de la Navidad. Este
poema nos transporta a una noche estrellada, donde un nacimiento cambia el
mundo y nos llena de sentimientos de amor, esperanza y alegría.
Desde el resplandor de esa estrella tan bella hasta el canto de los ángeles
que anuncia la buena nueva, cada verso de este villancico nos envuelve en una
atmósfera de belleza indescriptible. ¿Quién puede olvidar la delicadeza del
pequeño Jesús, la fragancia de la mirra y el sabor de los regalos traídos por
los pastores? Todo está diseñado para recordarnos lo extraordinario que fue ese
momento en la historia.
Así que, mientras escuchan, déjense llevar por la melodía y la emoción que
este villancico transmite. Es un homenaje al amor puro, la luz y la armonía que
nos regala el nacimiento del Salvador. Disfruten de este maravilloso
villancico, titulado "El amor de Navidad". ¡Que lo
disfruten!
El gobierno despótico de Herodes queda demostrado por muchas de sus medidas de seguridad, destinadas a reprimir el desprecio que sus súbditos sentían hacia él, sobre todo los judíos. Por ejemplo, se ha sugerido que Herodes usó su policía secreta para vigilar e informarse acerca de los sentimientos que tenía el pueblo hacia él. Intentó prohibir las protestas y eliminó a algunos opositores por la fuerza. Tenía una guardia personal (en latín corporis custodes) de dos mil soldados. Josefo escribió sobre la presencia de varias unidades de la guardia personal en el funeral del rey. Estas unidades estaban formadas por Doryphnoroi, tracios, celtas (probablemente galos) y germanos. Su orden de matar a los niños varones de Belén de más de dos años carecía, para él, de relevancia ética.
Mateo dice que este acontecimiento cumple con la profecía de Jeremías (Jer 31, 15).
Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.»
Evangelio de Mateo 2, 16-18
José María Cabodevilla sugirió el significado que este crimen pudo tener para Herodes I el Grande:
"Pero los clamores de los padres de aquellos niños inocentes no llegaban a sus oidos. Acababa de retirarse, presa de terrible enfermedad, a las caldas de Callirhoe, junto al Mar Muerto. Su corazón, además, no era sensible a clamores de esa naturaleza. ¿Qué podía importarle a él la muerte de veinte o treinta hijos de pastores sin nombre? La ejecutoria de su reinado se compone, sobre todo, de hazañas criminales. Apenas conquistó Jerusalén y se instaló allí como rey, ordenó matar a cuarenta y cinco partidarios de Antígono, su contendiente. Mató a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos de su hermana Salomé, a su propia suegra Alejandra, a su mujer Marianne, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo. A sabiendas del terror y hostilidad que su persona despertaba, con el fin de evitar la alegría del pueblo en el momento de su muerte, ordenó a sus más íntimos colaboradores que, cuando él muriera, pasaran por las armas a incontables judíos ilustres que previamente habían sido concentrados en el hipódromo de Jericó.
¿Que suponía para este monarca, sanguinario como nadie, la sangre de treinta niños? Quizá verdaderamente supuso mucho. ¿Para bien o para mal? Los más sagaces historiadores, que quizá descubran aún nuevos crímenes a cuenta del famoso rey, no podrán jamás revelarnos los últimos minutos de aquella vida atroz [...]
Si en un villancico anterior "La muerte de Herodes" poníamos énfasis en lo morboso de su enfermedad y lo terrible de su muerte, aquí celebramos con humor las consecuencias estomacales de su cólera mal contenida. En parte relacionada con su enfermedad; pero sobre todo, haciendo referencias al disgusto y frustración por la huída de Jesús, este Herodes baja de su pedestal hasta el nivel más vulgar de "mancharse los pantalones" y de ahí, el final del villancico con la alusión de que en el rincón donde está el castillo de Herodes huele mal.
Me resulta extraño dirigirme a vosotros por escrito después de más de un mes realizando presentaciones habladas en mi programa de radiodifusión local "100 villancicos nuevos". Emitía desde "Onda Cabanillas", la emisora municipal de Cabanillas del Campo en la 107.0 FM.
Aparte de los varios problemas que teníamos en la emisora, todos más o menos superados con la buena voluntad de los voluntarios implicados en ella, en mi caso se impuso la necesidad de emitir en diferido grabando las sesiones pues en multiples semanas no estaría en el pueblo. Al final no fue posible. Tenía grabadas las dos semanas siguientes (10 emisiones, 20 villancicos); pero no fue posible programarlas para que salieran en su hora y día en diferido. Podríamos decir que hubo "problemas técnicos"; pero mentiría. Desilusionado (había pasado muchas horas preparando y grabando esas y otras sesiones) y dolido (había intentado por todos los motivos que se pudieran emitir: desde adelantar mi vuelta varias veces, pasando por pedir por favor a algunos compañeros/as que las emitieran en directo desde el estudio (poniendo su tiempo a mi disposición) Incluso algún compañero las emitió desde su casa (había habilitado la forma de emitir desde allí) y llegando a pedir a quién correspondía que se pudiera acceder al programa Gentova Cast, cuyo acceso (abierto sin necesidad de contraseña) necesitaba restaurarse, pues por salir del programa desde la opción "Salir" (¿lógico, no?) se cerró y dejó de recordar la contraseña. ¡Por lo visto había que salir solo cerrando el navegador o el programa rearmaria las contraserñas! Como no recordaba que se hubiera dicho que fuera necesario salir así, salí de la forma más lógica y "educada". Pese a mis reiteradas peticiones no se pudo restaurar el acceso en cuatro días. Me tuve que ir, casi de malos modos. Me resutaba increíble que costara tanto acercarse en cinco mintuos ¡Por Dios, que esto es un pueblo! y teclear dos palabras: Usuario y Contraseña.
Es por eso que finalizo mi voluntaria participación en Onda Cabanillas y, por tanto, dejo de emitir mis comentarios y mis villancicos. Pero he decidido seguir ofreciéndolos en el blog en tanto busco otras opciones de colaboración.
Así que recojo mis bártulos, cierro mis carpetas en el PC del local y me voy con la música a otra parte. Empujo los fader hasta abajo. Cierro el estudio y me despido.
La Navidad en Ayuela Relato de como se celebraban las navidades hace cien años. Está basado en un relato de mi madre que tiene 101 años y vivió su juventud en el pueblo de Ayuela de Valdavia; en Palencia.
Mi madre tiene la friolera de 101 años. Añora constantemente su pequeño pueblo de Ayuela de Valdavia donde vivió su juventud y se casó. Después de nacer su primer hijo (un servidor) se trasladó sucesivamente a Carrión de los Condes y después a Burgos. Sus recuerdos de la vida dura y sencilla en su pueblo natal nos los relata a menudo y nosotros la escuchamos con reverencia. No hace mucho, para la revista diocesana Inmigra, en Burgos, escribió un pequeño artículo describiendo cómo eran antiguamente las Navidades en su pequeño pueblo palentino. Este relato, completado con otras informaciones que recabamos por su parte, componen el grueso de este villancico, aún inédito, y que servirá para felicitar las Navidades este año.
Transcribo textualmente el contenido de esta composición:
"Yo tenía 13 años cuando estalló la guerra y todo cambió; pero recuerdo muy bien aquellas Navidades de cuando tenía 7 años. ¿Que hacíamos entonces en Ayuela, mi pueblo de Palencia? No existían los turrones, ni luces de ahora, pero con unas castañas y unos villancicos lo pasábamos muy bien. Ayudábamos a hacer los nacimientos, catábamos y bailábamos con música que se hacía con pandereta, tamboril y acordeón. Luego, ir a Misa del Gallo, casi siempre con nieve.
Cuadno ya tenía 10 años nos juntábamos las amigas y amigos y hacíamos baile. Luego jugábamos una partida con las cartas y hacíamos chocolate y orejuelas, y con una copa de aguardiente y unos villancicos éramos felices.
Casi siempre había nieve por las calles, y recuerdo una vez que había hasta un sendero en la nieve para ir a la Misa del Gallo. Ya mayorcitas, cogimos una patata grande, la pintamos unos ojos, nariz y boca y la tiramos en el sendero, y cuando el cura fue a decir misa se asustó y dio la voz de alarma.
Pero nos gustaban más los Reyes: a tres personas se les vestía de Reyes e iban por las casas a pedir los aguinaldos, y con lo que sacaban se hacia una merienda todos juntos. En aquellos tiemos no había regalos en general, pues la gente vivía con poca economía. Todos los niños del pueblo, haciendo cola, iban a casa del cura y el cura les daba una taza de castañas a cada niño y una perrilla de 5 céntimos. Con la perrilla compraban 5 caramelos grandes. Yo, por suerte, vivía en la casa del cura, que era mi tío. ¡Dichosa Navidad! Todos contentos."
Para este villancico quise imaginar una pequeña excursión de la Sagrada Familia (con un Jesús de unos 6-8 años) a la mayor masa interior de agua dulce de toda Galilea: el conocido como Lago Tiberíades (llamado así en honor al emperador romano Tiberio). La escena de una excursión era muy sugerente. El ocaso, por ejemplo, en el mar de Galilea desde un montículo, es una de las imágenes más buscadas por los turistas, actualmente. Además los evangelios dan cuenta de la frecuente actividad de Jesucristo en ese lago. Pedro, por ejemplo, era pescador en sus aguas.
En el Mar de Galailea se pesca sobre todo un pez parecido al lenguado: la tilapia (también llamado Pez de San Pedro) con aletas en forma de peine de largs púas (como en una peineta) y unas características manchas en forma de gran ojo en los laterales. Una leyenda explica el origen de las manchas basándose en el relato del evangelio de Mateo donde Jesús le indica a Pedro como podrá pagar los impuestos del templo: “(…) Vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter (pieza de cuatro dracmas). Tómalo y dáselo (a los recaudadores), por mí y por ti”. (Mateo, 17-22-27).
Según la leyenda al obedecer Pedro a Jesús, cogió una tilapia para sacarle la moneda del impuesto y al hacerlo le dejó la marca de sus dedos en los costados.Jesús visitó con frecuencia este mar: allí recogió a algunos de sus apóstolos (Pedro, Santiago, Juan, Andrés y Felipe eran pescadores cuando él les llamó para ser apóstoles), allí caminó sobre las aguas y favoreció pescas milagrosas. El villancico anticipa ese encuentro con Pedro, el apostol sobre el que edificó su iglesia.
Y también su enigmática frase: "Seguidme y os haré pescadores de hombres". El evangelio de san Mateo, en (1; 16-20) lo describe así:
Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo: —Seguidme y os haré pescadores de hombres. Ellos, al momento, dejaron las redes y le siguieron. Pasando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando sus redes; y los llamó. Ellos, al momento, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron.
Así, entre los pescados en la playa secándose al sol, los carpinteros reparando las barcas, los marineros cosiendo sus redes... transcurre este villancico sonnoliento en un estilo denominado copto-flamenco y un aire entre cinematográfico y ambiental.
La Vía Maris: Relato de la huída de la Sagrada Familia desde Belén a Egipto a través del tramo de la calzada romana que, cercana a la costa, unía Gaza con Egipto.
Me atraía la idea de hacer un villancico contando alguna anécdota en la huída a Egipto. Investigué un poco sobre los distintos caminos de la época. La actualmente llamada “Vía Maris” (Originalmente se la llamó Ruta de los Filisteos, en referencia a su paso a través de la planicie de Filistea. El nombre "Vía Maris" (en latín, camino del mar) proviene de la traducción del Nuevo Testamento al latín vulgar de la Vulgata, donde aparece mencionada) sería probablemente la ruta elegida. El trazdo de la vía sigue una antigua ruta comercial que desde la Edad de Bronce unía Egipto con los imperios de Siria, Anatolia y Mesopotamia y que aprovecharon los romanos para nutrir su extraordinaria red de calzadas en el Imperio.
Sobre plano parece que la ruta más lógica sería desde Jerusalén hasta Gaza, prosiguiendo después hasta Raphia (actual Rafah) que, según veo en los mapas del imperio, sería (como lo es hoy día) la puerta de entrada a Egipto. Desde allí, proseguirían posiblemente hasta Pelusium, importante ciudad romana situada poco antes del actual canal de Suez. Más o menos por aquí se pierden las pistas concretas de su itinerario aunque la tradición, los evangelios apócrifos y la leyenda la sitúan en numerosos lugares de Egipto: desde El Delta del Nilo (El Cairo) hasta ascendiendo el curso del Nilo hasta la ciudad de Asiut.
Me planteé el trayecto mínimo que deberían recorrer para huír de las huestes de Herodes. Según parece, en llegando a Rafah, se acabaría la jurisdición de Herodes por lo que estarían salvados (aunque no estoy seguro de esto). Suponiendo que fuera así, el itinerario más rápido pasaba por llegar cuanto antes a Gaza y enlazar con la calzada romana denominada “Ruta de los Filisteos” (Vía Maris) en dirección Rafha y, desde allí, dirigirse a la importante ciudad de Pelusium ya en el interior de Egipto.
He contrastado estas suposiciones con ayuda de una curiosa aplicación aparecida recientemente en internet. Se trata de “Orbis”, una especie de “Google Maps” donde puedes calcular rutas por las carreteras del Imperio Romano. La herramienta se basa en la Tabula Peutingeriana, un mapa de itinerarios por las calzadas romanas que incluye información sobre rutas y posadas a lo largo de estas. Fue realizado en el siglo IV d.C. y la copia más antigua se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria en Viena.
Según el programa (que puede calcular distancias, kilómetros, coste, alternativas, etc; aplicadas a distintas variables como medio de transporte, rapidez, distintas velocidades…) la distancia de Jerusaléna Gaza por la ruta más corta se haría en 3 días (algo más de 100 km). Desde ahí se proseguía seguramente hasta Raphia (que coincide con el actual Rafha, unos 32 km.) otro día más; y desde ahí (los pudientes tomaban un barco, pero los pobres continuaban a pie) se dirigían a Pelusium (aproximadamente Port Said, a algo más 170 km.) otros 6 días de viaje a pie y a marcha rápida como corresponde a una huída. Después pudieron haber seguido hasta Menfis, ya en el delta de Nilo (200 km.) que serían 7 días más. Todo ello siguiendo la Vía Maris que venía desde Damasco.
La seguridad en las calzadas era muy relativa, de ahí que se crearan comisarías para combatir el bandidaje. Se nombraban «prefectos para la represión del bandidaje» y se construían fortalezas y campamentos militares cerca de las calzadas, desempeñando un papel en la vigilancia policial del Imperio. Por ello imagino en mi pequeño cuento que un grupo de legionarios realiza labores de policía y “realizan un control” a la Sagrada Familia. Posiblemente esas patrullas dependieran del gobernador de Galilea, Herodes, en el término de su jurisdición; pero en Egipto estuvieran supeditadas a otro gobernador con lo que, llegados allí, los perseguidos estarían a salvo.
Se sabe que Egipto era el país clásico de refugio político por ser provincia romana. Allí había muchos judíos, colonias florecientes y barrios habitados por ellos que prestaban socorro a sus conciudadanos.
Se piensa que algún tiempo después de la muerte de Herodes, la Sagrada Familia regresó de Egipto. Sin embargo la mayoría de los estudiosos sitúan la fecha de la muerte de Herodes en torno al año 4 a. C. con lo que sería imposible que éste hubiera ordenado su persecución o la matanza de los Inocentes. Es una de las numerosas contradiciones que aparecen en el Nuevo Testamento con respecto a la vida de Jesús.
Peor este villancico encantador relata una historia divertida. La anécdota que cuenta merecería figurar en alguno de los varios evangelios apódrifos que relatan la infancia de Jesús, normalmente con curiosos milagros obrados por el Santo Niño. No cuento más; es hora de escuchar el cuento.